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	<title>Comentarios para Carácter TipográficoCarácter Tipográfico | Carácter Tipográfico</title>
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	<description>Reflexión, pensamiento y experiencias</description>
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		<title>Comentario en El diseño, un género discursivo por ccarpintero</title>
		<link>http://www.caractertipografico.com.ar/2011/01/24/el-diseno-un-genero-discursivo/comment-page-1/#comment-15</link>
		<dc:creator>ccarpintero</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Mar 2011 01:27:14 +0000</pubDate>
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		<description>Estimado Fernando. Dices &quot;(...) pre­fe­ri­mos decan­tar­nos más en con­tra de las mio­pías pro­fe­sio­na­lis­tas, que en con­tra de los exce­sos socio­se­mióti­cos.&quot; Exquisito, bello, me llena de emoción. A la distancia y sin conocernos, podemos compartir algo. No es poco. Abrazo, colega. Gracias por la extensa respuesta. Amo las respuestas extensas bien argumentadas. Y gracias por el mail que hoy recibí.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Estimado Fernando. Dices “(…) pre­fe­ri­mos decan­tar­nos más en con­tra de las mio­pías pro­fe­sio­na­lis­tas, que en con­tra de los exce­sos socio­se­mióti­cos.” Exquisito, bello, me llena de emoción. A la distancia y sin conocernos, podemos compartir algo. No es poco. Abrazo, colega. Gracias por la extensa respuesta. Amo las respuestas extensas bien argumentadas. Y gracias por el mail que hoy recibí.</p>
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		<title>Comentario en El diseño, un género discursivo por Fernando Fraenza</title>
		<link>http://www.caractertipografico.com.ar/2011/01/24/el-diseno-un-genero-discursivo/comment-page-1/#comment-14</link>
		<dc:creator>Fernando Fraenza</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Mar 2011 05:29:44 +0000</pubDate>
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		<description>Estimado Colega: Nuestro artículo en cuestión (reincorporado recientemente en nuestro nuevo sitio) fue escrito –si mal no recuerdo- hacia finales de 2005, en el marco de una serie de foros y seminarios acerca del estado de desarrollo de una teoría del diseño. Por aquel entonces festejábamos –por decirlo de alguna manera- un episodio en el que parecía haber cuajado una discusión orientada ya hacia problemas teóricos de peso y apremiantes, dejando atrás el mero parloteo ideológico y acrítico sobre las vicisitudes y las retribuciones del ejercicio profesional. Nos parecía halagüeño –para el desarrollo del diseño como disciplina- que dos diseñadores y docentes compartieran pareceres respecto de la aplicación de una categoría teórica, tal como la de &lt;em&gt;género discursivo&lt;/em&gt;, a las prácticas o a los productos de diseño. También sabíamos –en aquel momento- lo que algunos expertos en sociolingüística o en teorías del análisis del discurso, habían ya sugerido en torno al empleo de la mencionada categoría. Valorábamos –con entusiasmo- lo que al respecto habíamos leído en el artículo escrito por Leonor Arfuch para el mencionado libro (“El diseño en la trama de la cultura: desafíos contemporáneos”, pp.137-222) y, a la vez, habíamos quedado profundamente impactados por la agudeza –y el arrojo intelectual- presentes en el artículo de María Ledesma con el que se inicia este mismo volumen (“Diseño gráfico, ¿un orden necesario?”, pp.15-90), ensayo en el que registrábamos ya un empleo suficientemente desenvuelto y chirriante de categorías semióticas y filosóficas, aplicadas sin ninguna subordinación –y con toda resolución- a los hechos del diseño.

Queríamos parafrasear y comentar –con cierta independencia- el diálogo entre diseñadores (L.Cassisi &amp; M.Pujol), más que compilar respetuosas atribuciones de autoría a los empleos particulares o disciplinares de los diversos términos teóricos en determinados contextos. Nuestra expectativa –en aquel momento- lo era respecto del plus de sentido que los propios diseñadores, cuya formación e intereses no atañen generalmente a los contenidos o a los efectos del discurso verbal, podrían aportar al empleo de nociones teóricas provenientes de las ciencias del lenguaje. Tal vez, el carecer de casi todo contacto con los intereses propios de una teoría literaria (o carecer de una cierta familiaridad con la noción de &lt;em&gt;género literario&lt;/em&gt;), por ejemplo, habilitaría en el sujeto una comprensión de la categoría de género discursivo menos dependiente de las regularidades estilísticas y/o temáticas de los textos (ya sabemos que las piezas de diseño pueden “tratar de” cualquier contenido), y más atenta –por el contrario- a las regularidades presentes sus circunstancias mundanas de enunciación. Menos temerosa ante la diversidad (imprevisible) en cuanto contenido de los enunciados y más aguda en orden a la detección de regularidades evidentes en las estrategias de la enunciación. Tal vez, la regularidad genérica de los enunciados del diseño podría encontrarse en el parentesco que todos estos poseen en el nivel de su estrategia discursiva, vale decir, de la economía política de sus signos. Las regularidades genéricas del diseño tendrían más que ver con cómo los diseñadores, diseñando como sea (de una manera filo-profesional o de otra filo-social, etc.), se apropian (con un mismo estilo profundo) del poder que otros les ceden.

Por supuesto, hemos de admitir que nuestra esperanza era holgada. No dejamos de observar que, la idea mantenida por Cassisi respecto de la relación género-diseño, siendo intelectualmente algo más pretenciosa que el discurso habitual del diseño, participaba igualmente de las viejas creencias de la ideología típica del diseño (de su utilidad, sino para con lo público, al menos para con los privados). En fin, en ese artículo, hace ya algunos años, y siguiendo el empleo diseñil (sic. Selle, 1972) de la categoría bajtiniana de género discursivo, preferimos decantarnos más en contra de las miopías profesionalistas, que en contra de los excesos sociosemióticos. Cosa que seguimos haciendo –con más ardor y dedicación- en un libro que hemos publicado –ahora sí- recientemente y que esperamos sinceramente tenga distribución también en Buenos Aires (Fraenza, Fernando &amp; Alejandra Perié [2010] &lt;em&gt;Diseño, esteticidad &amp; discurso, &lt;/em&gt;Córdoba: Advocatus). Un afectuoso saludo. Fernando Fraenza.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Estimado Colega: Nuestro artículo en cuestión (reincorporado recientemente en nuestro nuevo sitio) fue escrito –si mal no recuerdo– hacia finales de 2005, en el marco de una serie de foros y seminarios acerca del estado de desarrollo de una teoría del diseño. Por aquel entonces festejábamos –por decirlo de alguna manera– un episodio en el que parecía haber cuajado una discusión orientada ya hacia problemas teóricos de peso y apremiantes, dejando atrás el mero parloteo ideológico y acrítico sobre las vicisitudes y las retribuciones del ejercicio profesional. Nos parecía halagüeño –para el desarrollo del diseño como disciplina– que dos diseñadores y docentes compartieran pareceres respecto de la aplicación de una categoría teórica, tal como la de <em>género discursivo</em>, a las prácticas o a los productos de diseño. También sabíamos –en aquel momento– lo que algunos expertos en sociolingüística o en teorías del análisis del discurso, habían ya sugerido en torno al empleo de la mencionada categoría. Valorábamos –con entusiasmo– lo que al respecto habíamos leído en el artículo escrito por Leonor Arfuch para el mencionado libro (“El diseño en la trama de la cultura: desafíos contemporáneos”, pp.137–222) y, a la vez, habíamos quedado profundamente impactados por la agudeza –y el arrojo intelectual– presentes en el artículo de María Ledesma con el que se inicia este mismo volumen (“Diseño gráfico, ¿un orden necesario?”, pp.15–90), ensayo en el que registrábamos ya un empleo suficientemente desenvuelto y chirriante de categorías semióticas y filosóficas, aplicadas sin ninguna subordinación –y con toda resolución– a los hechos del diseño.</p>
<p>Queríamos parafrasear y comentar –con cierta independencia– el diálogo entre diseñadores (L.Cassisi &amp; M.Pujol), más que compilar respetuosas atribuciones de autoría a los empleos particulares o disciplinares de los diversos términos teóricos en determinados contextos. Nuestra expectativa –en aquel momento– lo era respecto del plus de sentido que los propios diseñadores, cuya formación e intereses no atañen generalmente a los contenidos o a los efectos del discurso verbal, podrían aportar al empleo de nociones teóricas provenientes de las ciencias del lenguaje. Tal vez, el carecer de casi todo contacto con los intereses propios de una teoría literaria (o carecer de una cierta familiaridad con la noción de <em>género literario</em>), por ejemplo, habilitaría en el sujeto una comprensión de la categoría de género discursivo menos dependiente de las regularidades estilísticas y/o temáticas de los textos (ya sabemos que las piezas de diseño pueden “tratar de” cualquier contenido), y más atenta –por el contrario– a las regularidades presentes sus circunstancias mundanas de enunciación. Menos temerosa ante la diversidad (imprevisible) en cuanto contenido de los enunciados y más aguda en orden a la detección de regularidades evidentes en las estrategias de la enunciación. Tal vez, la regularidad genérica de los enunciados del diseño podría encontrarse en el parentesco que todos estos poseen en el nivel de su estrategia discursiva, vale decir, de la economía política de sus signos. Las regularidades genéricas del diseño tendrían más que ver con cómo los diseñadores, diseñando como sea (de una manera filo-profesional o de otra filo-social, etc.), se apropian (con un mismo estilo profundo) del poder que otros les ceden.</p>
<p>Por supuesto, hemos de admitir que nuestra esperanza era holgada. No dejamos de observar que, la idea mantenida por Cassisi respecto de la relación género-diseño, siendo intelectualmente algo más pretenciosa que el discurso habitual del diseño, participaba igualmente de las viejas creencias de la ideología típica del diseño (de su utilidad, sino para con lo público, al menos para con los privados). En fin, en ese artículo, hace ya algunos años, y siguiendo el empleo diseñil (sic. Selle, 1972) de la categoría bajtiniana de género discursivo, preferimos decantarnos más en contra de las miopías profesionalistas, que en contra de los excesos sociosemióticos. Cosa que seguimos haciendo –con más ardor y dedicación– en un libro que hemos publicado –ahora sí– recientemente y que esperamos sinceramente tenga distribución también en Buenos Aires (Fraenza, Fernando &amp; Alejandra Perié [2010] <em>Diseño, esteticidad &amp; discurso, </em>Córdoba: Advocatus). Un afectuoso saludo. Fernando Fraenza.</p>
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		<title>Comentario en El diseño, un género discursivo por ccarpintero</title>
		<link>http://www.caractertipografico.com.ar/2011/01/24/el-diseno-un-genero-discursivo/comment-page-1/#comment-13</link>
		<dc:creator>ccarpintero</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Mar 2011 01:54:01 +0000</pubDate>
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		<description>Hola colegas. Creo importante contextualizar el debate mediante un aporte. La relación entre Diseño Gráfico y géneros discursivos, si bien ha sido comentada por varios diseñadores (con diversa suerte y rigor) como Luciano, Mónica y yo mismo, tiene una autora y un origen: Leonor Arfuch. Me sorprendió un poco al leer el artículo que se sobreabunde en referencias a Luciano, a quien aprecio mucho pero no es un experto en lingüística ni teoría del discurso, y no se mencione ni una vez a Arfuch ni al libro &quot;Comunicación y Diseño, teorías y enfoques críticos&quot; de Paidós (1997). Saludos cordiales.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hola colegas. Creo importante contextualizar el debate mediante un aporte. La relación entre Diseño Gráfico y géneros discursivos, si bien ha sido comentada por varios diseñadores (con diversa suerte y rigor) como Luciano, Mónica y yo mismo, tiene una autora y un origen: Leonor Arfuch. Me sorprendió un poco al leer el artículo que se sobreabunde en referencias a Luciano, a quien aprecio mucho pero no es un experto en lingüística ni teoría del discurso, y no se mencione ni una vez a Arfuch ni al libro “Comunicación y Diseño, teorías y enfoques críticos” de Paidós (1997). Saludos cordiales.</p>
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