Diseño, esteticidad y discurso tiene su origen en el presupuesto de que es posible aplicar –con provecho y éxito- los estudios estético-semióticos a la lectura y comprensión tanto de los productos de diseño como de los procesos de los cuales surgen. Por más que se diga insistentemente otra cosa, las características de la relación actual entre estética o semiótica y diseño, no propician el intercambio prometido. Esto es así, porque la estética balbuceante que inunda la imaginación de los diseñadores, y que alimenta a sus reflexiones acerca de los productos y procesos de diseño, provienen –más que de la reflexión disciplinar relativamente autónoma y autoconsciente- de una práctica profesional más o menos irreflexiva en todo aquello que no conduzca al éxito profesional individual en el corto plazo. Las nociones de las cuales se vale –normalmente- el comentario de la dimensión estética del diseño no han sido suficientemente criticadas o aclaradas como para que el discurso proyectual de un experto en diseño posea una conmensurabilidad adecuada con otras disciplinas científicas. A pesar de lo desalentador de este panorama, hemos de decir que un componente sumamente importante del desafío propio de una disciplina destinada e impulsada por la innovación –tal como lo es el diseño- está situado en el centro de una serie de problemas cuya índole es, sin ninguna duda, estética. Por lo tanto, deberíamos reconocer que en nuestra época, el diseño, su discurso y su comentario, así como la formación de sus cuadros, se hallan particularmente necesitados de una discusión experta, crítica y desacralizada de sus funciones estéticas.

 

Diseño, esteticidad y discurso ha sido escrito para poner un conocimiento estético-semiótico básico, preciso y actualizado sobre el diseño, al alcance de su comunidad escolar y profesional, sin retrotraerlo o simplificarlo en modelos falsos, pero volviéndolo más o menos inteligible para los diseñadores. Cada uno de sus capítulos intenta exponer -con precisión máxima (y sin banalizaciones)- las bases y los segmentos más útiles de los argumentos contraintuitivos de una discusión desacralizada de los aspectos estéticos de la actividad proyectual. Sin lugar a dudas, tanto el enfoque como los contenidos y ejemplos tratados en este volumen permitirán al lector –diseñador novel o consagrado- integrar una comprensión científica del tipo de creación específico que constituye el diseño. Para el caso de un diseñador con ambición profesionalista, los puntos de vista y conocimientos desarrollados en este libro no contribuirán –casi con seguridad- a un mejor o más exitoso desempeño en el mercado; no obstante, le permitirán afianzar su tarea proyectual por medio del empleo reflexivo de categorías científicas consensuadas, referidas –en este caso- a la representación que los diseñadores –como expertos- serían capaces de articular de lo que le es propio: la innovación.

Más allá de todo lo dicho, el objetivo principal a mediano plazo con el que ha escrito Diseño, esteticidad y discurso, es fortalecer el entendimiento teórico que el colectivo del diseño posee de su propia disciplina, analizando, criticando y –por lo tanto- superando una serie de creencias, habituales en la comunidad de diseñadores profesionales y en formación, muy débilmente fundadas, que obstaculizan el saber del diseño acerca de sí mismo, alimentando la debilidad que permite –entre otras cosas- que otros agentes y otras disciplinas intervengan con gran fuerza a la hora de evaluar las prácticas y los resultados del diseño.