Sin que parez­ca dema­sia­do increí­ble se podría sos­te­ner que el arte cali­grá­fi­co como se lo con­ci­be en la actua­li­dad comen­zó hace unos 1400 años con los pri­mi­ti­vos manus­cri­tos irlan­de­ses. Éstos fue­ron pro­duc­to de la asi­mi­la­ción de la derro­ta­da civi­li­za­ción cel­ta por el régi­men monás­ti­co cris­tiano impe­ran­te en Irlanda hacia el siglo V.
De estos manus­cri­tos, par­ti­cu­lar­men­te dos de ellos —el Libro de Durrow y el Libro de Kells1— sobre­sa­len como hitos por su alta ela­bo­ra­ción artís­ti­ca. El pri­me­ro se remon­ta a los orí­ge­nes del flo­re­ci­mien­to del arte cris­tiano irlan­dés, hacia fines del siglo VII, y el segun­do a la épo­ca en que ese arte había alcan­za­do su máxi­ma ple­ni­tud, hacia fines del siglo VIII. Las carac­te­rís­ti­cas de ambos son cla­ra­men­te dife­ren­tes de las expre­sio­nes de otras cul­tu­ras pos­te­rio­res. Y, para­dó­ji­ca­men­te, estas carac­te­rís­ti­cas que dis­tin­guen a estos dos libros de evan­ge­lios de otros más cer­ca­nos a nues­tra épo­ca son lo que más los apro­xi­ma a los prin­ci­pios artís­ti­cos del arte con­tem­po­rá­neo.

En estas por­ta­das del Libro de Kells (Codex Cenannensis), las letras, al estar tra­ba­ja­das como imá­ge­nes, cons­ti­tu­yen la orna­men­ta­ción de la pági­na.
Imagen01: Inicio del evan­ge­lio de San Mateo (folio 29r.) con la ins­crip­ción Liber gene­ra­tio­nis (El libro de la gene­ra­ción).

Imagen02: Página con el mono­gra­ma de Cristo, evan­ge­lio de San Mateo (folio 34r.). Las letras XP (Chi-Rho) sur­gen de las dos pri­me­ras letras de su nom­bre en idio­ma grie­go. Se lee la fra­se Christi autem gene­ra­tio que intro­du­ce a la genea­lo­gía de Cristo.

Imagen03: Inicio del evan­ge­lio de San Juan (folio 292r.) con la fra­se In prin­ci­pio erat ver­bum et ver­bum … (Al prin­ci­pio era el ver­bo y el ver­bo …).

Los artis­tas irlan­de­ses que los crea­ron abor­da­ron una mag­ní­fi­ca liber­tad de expre­sión, que for­mó par­te de su lega­do. Ubicados en el extre­mo occi­den­tal de Europa, tenían esca­sos víncu­los con la Grecia clá­si­ca o con la ciu­dad de Roma. Su arte se desa­rro­lló natu­ral­men­te por asi­mi­la­ción y exis­ten en él mar­ca­das influen­cias de La Tène2, ade­más de sirias, cop­tas y ger­má­ni­cas. Es evi­den­te que los artis­tas ilu­mi­na­do­res tenían un gran cono­ci­mien­to de la orna­men­ta­ción uti­li­za­da en la orfe­bre­ría de este perío­do, desa­rro­lla­da en la Edad del Hierro, que adap­ta­ron mara­vi­llo­sa­men­te a la vite­la3. Sin embar­go, la dis­ci­pli­na esen­cial del arte de ilu­mi­na­ción de los irlan­de­ses es su par­ti­cu­lar escri­tu­ra (hoy cono­ci­da como media uncial irlan­de­sa), que indu­da­ble­men­te con­si­de­ra­ban una expre­sión esté­ti­ca en sí mis­ma y no un sim­ple vehícu­lo uti­li­ta­rio. “En nin­gu­na otra par­te de Europa, y en nin­gu­na otra épo­ca del arte euro­peo se ha mane­ja­do la escri­tu­ra con mayor inten­si­dad, ima­gi­na­ción y liber­tad que en la ilus­tra­ción de libros rea­li­za­da en la isla entre los siglos VII y IX. Sólo allí se alcan­za un nivel de per­fec­ción digno de com­pa­rar­se con la cali­gra­fía islá­mi­ca o con la chi­na.”4 Caligrafía e ilu­mi­na­ción se fusio­nan para cons­ti­tuir un esti­lo artís­ti­co orna­men­tal por dere­cho pro­pio y no como en cul­tu­ras pos­te­rio­res, don­de la deco­ra­ción era un sim­ple ele­men­to acce­so­rio a la repre­sen­ta­ción figu­ra­ti­va.

Hoy, nues­tra liber­tad para mane­jar los ele­men­tos de la com­po­si­ción en las artes visua­les es el pro­duc­to de la lucha que sos­tu­vie­ron los artis­tas de prin­ci­pios del siglo pasa­do. Ellos vis­lum­bra­ron las posi­bi­li­da­des expre­si­vas que los libe­ra­rían de las con­ven­cio­nes here­da­das de lo clá­si­co y lo rena­cen­tis­ta. No casual­men­te, el arte cali­grá­fi­co con­tem­po­rá­neo se empa­rien­ta con­cep­tual­men­te con el tra­ba­jo de estos artis­tas, y al uti­li­zar el tex­to como ima­gen tie­ne más rela­ción con la obra de los artis­tas irlan­de­ses que con manus­cri­tos de épo­cas inter­me­dias.

En la con­cep­ción clá­si­ca del arte, que a par­tir del Renacimiento vol­vió a ser la nor­ma de expre­sión, el mar­co es a un cua­dro lo que la ven­ta­na al pai­sa­je; los ele­men­tos de un cua­dro poseen cier­ta inde­pen­den­cia y movi­li­dad con res­pec­to al mar­co pero jamás lo tocan. En cam­bio, en los manus­cri­tos irlan­de­ses las figu­ras se tocan unas a otras, el mar­co atrae a las figu­ras has­ta que éstas entran en con­tac­to o se ade­cuan a él. La posi­ción de las figu­ras en el espa­cio que­da así inten­cio­nal­men­te inte­gra­da; cua­dro y mar­co pare­cen estar en un mis­mo plano.

Esta fusión de figu­ra y fon­do en un mis­mo plano —que se obser­va fun­da­men­tal­men­te en el Libro de Kells— tien­de a evi­tar el con­cep­to de ven­ta­na para el espa­cio de la pers­pec­ti­va pic­tó­ri­ca, que se logra con el debi­do equi­li­brio de uno y otro ele­men­to. Ésta es la mis­ma fusión y uni­dad que los pin­to­res de fines del siglo XIX y prin­ci­pio del XX bus­ca­ron impo­ner, a par­tir de las cua­les se ha con­ce­bi­do des­de enton­ces, y has­ta hoy, el arte en dos dimen­sio­nes.

Thomas Ingmire fue uno de los pri­me­ros calí­gra­fos con­tem­po­rá­neos que desa­rro­lló el uso del tex­to como ima­gen.
Imagen04: Hail Horrors Hail, 44 x 61 cm, 1982.
Imagen05: The Sun of Justice, 57 x 78 cm, 1983.
Imagen06: D. And the Blaze Illumines Dream, 44 x 62 cm, 1985.
Imagen07: The Beloved Stranger Lives #2, 44 x 62 cm, 1985.

Notas
1.Ambos  se con­ser­van en la biblio­te­ca del Trinity College de la ciu­dad de Dublín, Irlanda. Las dimen­sio­nes del pri­me­ro son 16, 5 x 24 cm. y las del segun­do 24 x 33 cm.
2. Período de mayor desa­rro­llo de la cul­tu­ra cel­ta, com­pren­di­do entre el 600 a.C. y el prin­ci­pio de la era cris­tia­na. Su influen­cia se pro­lon­gó en Irlanda por varios siglos más allá de que los cel­tas euro­peos fue­ran derro­ta­dos por los roma­nos y debi­do al ais­la­mien­to con el con­ti­nen­te.
3. Piel de ter­ne­ro que se uti­li­za­ba como sopor­te en los manus­cri­tos pri­mi­ti­vos.
4. Luce A. A. Libro de Durrow (edi­ción fac­sí­mil, pró­lo­go). Urs Graf-Verlag, Berna & Lausana, 1960.

Referencias
Johnson Sweeney, James. Manuscritos irlan­de­ses pri­mi­ti­vos. Unesco-Hermes, Méjico-Buenos Aires, 1965.
Roberts, Timothy R. Celtas, mitos y leyen­das. Libsa, Madrid, 1995.

Fuente
Esta nota fue publi­ca­da en la Revista tpG. Año XVI, Nº 52. Buenos Aires, 2002.